Debí haberme ido desde antes,
desde antes de la primera punzada en el pecho,
desde antes del primer dolor que atraviesa verticalmente el sexo y la punta de la cabeza.
Debí haberme negado a las palabras,
debí haber dicho adiós desde el principio.
Antes de la convulsión, de la herida, de la ventana abierta transformada en precipicio.
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