domingo, 23 de febrero de 2014

Las buenas personas

A mi amigo Joaquín le va muy bien, le pregunto que cómo lo logra. Mi amigo Joaquín dice que se tiene que pensar que uno merece todo lo bueno que le pase, porque a las buenas personas les va bien. Le digo a mi amigo Joaquín que para mí es muy complicado pensar eso. ¿Por qué? - Pregunta. No creo que yo sea una buena persona - respondo. Tampoco creo que sea mala persona. No soy nada. Cuando éramos niños nos enseñaron que las buenas personas ayudaban a las viejitas y a los ciegos a cruzar la calle. Pienso que nunca he ayudado a nadie, procuro no molestar a los otros, pero a veces lo he hecho. E incluso a veces me he reído con el dolor ajeno. Voy pensando esto mientras estoy subiendo las escaleras del metro. Junto a mí, un ciego está a punto de bajarlas, utilizando su bastón para encontrar dónde dar el paso. Podría pararme a ayudar al ciego y no lo hago. Segundos después escucho un golpe. El ciego se ha tropezado, rodó por las escaleras y fue a dar directo al suelo. Me imagino el suceso pues sólo he escuchado el ruido. No me río ni me regreso a ayudarlo. Sigo pensando en mi amigo Joaquín y en las buenas personas del mundo. Yo no pertenezco a ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario