Es este silencio lo único que amo.
Esto que se me muere cada vez más rápido.
Todo el tiempo siento que el mundo tiembla.
La sombra de las hojas de los árboles
se proyectan desde mi ventana, en la mesa.
Pero esa luz no toca mis manos.
Hoy no quiero existir aquí.
Pierdo la paciencia conmigo misma
y nada importa.
Me abrazo a las piernas del hombre
que amo, quisiera pedirle que me perdone
por todo lo que no puedo ser.
Y en sus ojos se muere lo mismo que
se me muere adentro, y esta tristeza
se pega
se contagia
crece en el pecho
asfixia.
Y en otro lugar existe alguien más
cuya sola presencia me hiere.
Pero amo su persistencia en mi memoria.
Me fascina su simple nombre cuando lo
pronuncio y él está tan cerca como para
escuchar ese sonido que lo llama, que
encubre la necesidad de su cuerpo.
Hay besos cuya roja luz puede
quemar toda esta angustia.
Pero eso es sólo una ilusión conveniente.
Una salida fácil.
El hogar tiembla y comienza a caerse.
Uno sólo puede desear que resista un
día más para no sentir el frío.
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