sábado, 29 de marzo de 2014

Mientras iba en el autobús vi a mi amigo Armando caminado por la calle. Tenía un libro bajo el brazo. Saqué la cabeza por la ventana y le grité:
- ¡Armando! qué libro lees.
- La filosofía del viaje en el tiempo, me gritó mientras extendía el libro por encima de su cabeza, como si así yo fuera capaz de ver el título.
En ese momento el autobús comenzó a moverse.
- ¿Qué tal está?
Me contesta que este no puede ser el universo tangente. Me quiere explicar más cosas pero el autobús acelera y el sonido de las palabras se va haciendo más suave entre más nos alejamos. Pienso en esta relación entre el autobús acelerando y las palabras haciéndose menos perceptibles.
Sacando medio cuerpo de la ventana, le grito:
- No te escucho, háblame pronto.
Me siento en el autobús y las personas me miran. Pienso que tal vez todavía pueda bajar del autobús e ir con Armando para que me explique a detalle eso de los universos tangentes, pero el cansancio de todos los días me vence y sigo mi camino a un lugar donde nadie me esperaba.
Armando nunca me llamó. Días después me enteré que había muerto en un accidente automovilístico. Esa fue la última vez que lo vi, pero aún pienso en cuáles serían esas palabras que me dijo y que no logré escuchar.

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