Mi cuerpo ante
ti se abre,
con el deseo de una
flor enfermiza.
En tu rostro
el amor pierde su sentido.
Tus manos: pequeñas niñas
hipócritas que no conocen
el dolor.
Vienes hacia mí, herido,
como un niño recién abandonado.
Soy una madre sustituta.
Un espejismo para matizar
la soledad.
En ti busco esa vieja venganza
de mí contra mí.
Una doble ausencia:
Incapacidad de querer
multiplicada en dos.
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