domingo, 8 de febrero de 2015

y aunque era poco práctico no quiso que en el cuarto hubiera espejos, porque de todo eso sbía lo que decía Cocteau, que la muerte entra por los espejos. Cada noche imaginaba una negrura que saalía y con sus manos se arrastraba hasta la sala y que por un conjuro que no sabía precisar se tenía ante la puerta del cuarto, porque esa puerta estaba cerrada y eso la clausuraba de todo intento de ser abierta por un ser oscuro. Era esa misma negrura la que se le apareció en medio de una clase, y no había salido del espejo, sino de la luz que colgaba en medio del techo, la vio avanzar hacia ella mientras los demás permanecían impasibles y sabía que en su rostro se reflejaba el horror de verla, cómo su brazo se extendía hasta ella y esa visión que estuvo a punto de alcanzarla se detuvo cuando oyó la voz del profesor que la miraba de frente y la llamaba solo para preguntarle si estaba bien.

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