Tienes que recordarlo todo.
El engaño, durante cuatro meses, cuántas veces, los mensajes de despedida, cuánto quiso a otra persona que ya no estaba y a ti no.
Tienes que recordar sus gritos, enfrente de tus amigos, en tus días más felices, diciéndote que nunca sería Luis, diciéndote que tú no lo querías sino que estabas obsesionada con él, diciéndote que nunca volverías a tener el lugar deseado, la casa, el gato. Nunca más.
Tienes que recordar cómo te mintió, cómo te rechazó.
Tienes que recordarlo diciéndote: ¿No te quieres cortar? ¡Córtate! ¡Córtate!
Tienes que recordar que te dijo que regresaría a arreglarlo todo, no le llevó ni un día. No le costó ni un día volver a destruirlo.
Tienes que recordar cómo te mintió cuando dijo que alguien más le había hablado.
Tienes que recordar su hipocresía, su determinismo, su incapacidad para quererte.
Tienes que recordar esa sonrisa triste, su llanto, pero no era por ti.
Y también todos los inútiles ridículos esfuerzos que de nada sirven. Todo el tiempo y todo el amor. Y toda la estupidez.
Y ahora lo sabes, va a volver con ella. Eso es lo único que ha querido desde que te conoce. Volver con ella. Y ese odio que se tiene no es más que el de haberla perdido.
Y tú fuiste un entretenmiento, algo que sucede porque se puede, como el sexo con desconocidos o como hablar uno mismo sin respuesta.
No conocerás lo que es el amor. Pagaste tu deuda. No. Debes. Deberás siempre. Nunca volverá Luis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario