miércoles, 29 de enero de 2014
y recordamos esos tiempos cuando nos podíamos quedar en la cama hasta muy tarde leyendo un libro y en el mundo nadie reclamaba nuestra presencia la calle era un lugar apacible que recorríamos sin prisa podíamos gastar el tiempo en los parques o en las librerías evitando las tiendas y las calles concurridas nos quedábamos platicando cerca del semáforo sin tener que correr para pasar el rojo y no entendíamos la prisa de todo el mundo mientras tanto nosotros íbamos a la panadería o al pequeño cine desconocido de una calle poco transitada y el mundo se aparecía tan ajeno como si no hubiera necesidad de hacerle caso a sus exigencias ni a sus códigos ni a eso que llaman triunfo ni a la vida que todos tenemos trazada aún antes de nacer éramos nosotros y si la felicidad existe nosotros experimentamos algo muy parecido a eso pero eso fue antes antes de los horarios y el dinero y las alarmas y la prisa y el vernos cada vez menos y ya no platicar porque ya teníamos sueño de los días cansados y contar el tiempo para las vacaciones y en esas vacaciones estar demasiado presionados para divertirnos porque la vida eran las cosas que no escribíamos en la agenda y cada vez había menos cosas de esas porque todo se programaba a una hora incluso hacer el amor
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