Yuanyuan Yang, Lonesome Little Warrior, 2012
A burnt child loves fire
Oscar Wilde
Frecuentemente no sé qué hacer con mis manos. Tampoco sé qué hacer con mi cara cuando voy caminando, pienso si estoy siendo demasiado seria, si estoy riéndome de alguna manera extraña, si tengo una mueca incomprensible que los demás miran con indiferencia. Me siento incómoda en el mundo, como si no hubiera un lugar en que ponerme, como si estorbase. Debido a este sentimiento de no pertenecer vivo en el mundo como alguien que sobra y a veces me comporto sin el temor de perderme, con las ganas de verme arder en un fuego incontrolable, de acostarme en oscuridades cada vez más negras que te reclaman cada vez más seguido y cada vez más intensamente.
He llegado a mi casa llorando, lista para vomitar flores espinosas que atraviesan la garganta y te hacen sangrar, con esa sangre hablo palabras que me exhoneren de esos actos, y con esas palabras me compadezco y me siento como una niña que no es de sus padres sino de otro ser que la busca y la ama y que para llegar a ella primero tiene que matarla. Me escabullo al sueño para imaginar mi vida de otra forma, y en esa paz blanca en donde sé precisamente el lugar en el que me hallo, encuentro una seguridad que no habrá nunca en la realidad de mi propio ser, ese ser que constantemente me exige un último incendio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario