Forabilis, Dino Valls, 2000
Para que una señorita se convierta en mujer, primero tiene que descifrar el laberinto. Antes de realizar el proceso, la señorita ingresa a la Biblioteca, en donde podrá permanecer en lectura y meditación que la ayudarán a sobrepasar la difícil prueba. Posteriormente, uno de los pintores oficiales realizará el retrato, que sólo será exhibido en el Salón Real si la doncella sobrevive al reto. Después de un par de meses de lecciones de canto y de una rígida dieta para aguantar las hambrunas de la vida en cautiverio, las señoritas, vestidas de blanco y coronadas con flores ingresan al laberinto, ya que no hay manera de descifrarlo más que introduciéndose en él y viviéndolo en carne propia. Las más virtuosas en su canto podrán ganarse el favor del minotauro, quien las dejará vivir a cambio de escuchar su voz en los momentos propicios. Ahogará el canto de las menos afortunadas, oprimiendo sus cuellos en sus monstruosas manos y dará bayas y frutas a las que considere agradables. Por otro lado, a sus preferidas, les otorgará liebres o ciervos muertos para alimentarlas y las ayudará a atravesar la difícil prueba. Sin embargo, si alguna logra enamorarlo con su canto, podrá recibir un elixir encantado. Después de beberlo, la señorita caerá en un profundo sueño y al despertar se encontrará del otro lado del laberinto, habiéndolo cruzado sin la necesidad de más penurias y podrá reincorporarse a la vida en sociedad, al menos durante nueve meses, antes de que su cérvix sea destruido por un par de nuevos cuernos. Ese es el gran honor, porque el valor de las señoritas se mide en su capacidad para alumbrar minotauros.

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